
Vuelvo para mitigar la fatiga de pensar sin escribir. Cansado de evitar ponerle palabras a las angustias cotidianas que me acompañan. Pensé que si carecían de nombre dejarían de ser reales y una vez mas me equivoqué. Los problemas, las inquietudes, los miedos no desaparecen porque uno les de la espalda y deje de nombrarlos. Es cierto que se diluyen momentáneamente, se aletargan, pero siguen ahí, al acecho para volver a resurgir.
Llevo meses escondido tras los libros. Leyendo vidas ajenas para no querer enterarme que dejé de escribir mi propia vida. Es cierto que algo he estado escribiendo, pero son historias de otros, inventadas, ficticias..., y siempre dejando en suspenso mi propia realidad.
Me he convertido en un vagabundo dentro de mi propia existencia. Uno de esos que tan solo anhela dar un trago más que enturbie su percepción para intentar no ver, ni oír, ni pensar...
Voy apurando lecturas como el yonky consume sus dosis, dejando que pase el día, ansiando el momento de alcanzar la noche que le permita soñar bajo unos cartones con otra realidad. Tal vez no mejor, pero al menos distinta. Pero los sueños en ocasiones se convierten en pesadillas y uno despierta sobresaltado, sin poder volver a dormirse y con una vida por vivir. Estoy cansado de esconderme.
Como dice Carlos Salem en una de esas vidas ajenas en papel "No se puede escapar todo el tiempo. Tu sombra sabe a dónde vas, aunque simule ir detrás".
Y llegados aquí ¿Qué hacer?
Juliki (¿Regreso o despedida?)





