domingo, 21 de noviembre de 2010

Utilidad cuestionable


Soy de ciudad. Tal vez por eso en ocasiones me descubro deleitándome con la observación del mobiliario urbano.
Me impresionan sobre manera la variedad de tipos y estéticas de las farolas, mas aun cuando sin motivo aparente se produce su frecuente renovación sin que la iluminación de las calles sufra una mejora aparente con los nuevos modelos incorporados.
Los paneles de recogida de pilas no dejan de asombrarme por lo reducido del habitáculo para depositar las pilas, que suelen sobresalir por la minúscula abertura y choca frente el amplio espacio dedicado a la publicidad. Tal vez lo importante no sea reciclar.
Sobre los contenedores de papel, vidrio y plástico solo puedo mostrar sorpresa por la movilidad que manifiestan tan mastodónticas estructuras que con frecuencia cambian de ubicación y le obligan a uno a pastorear con sus bolsas de reciclados hasta sus nuevas localizaciones.
Pero entre todos los que mas fascinación me ocasionan son los pivote, bolardos y similar. Esas estructuras cuya finalidad originaria supongo debe ser evitar que los coches se suban a la acera, proliferan por doquier. Mi atracción hacia ellas reside fundamentalmente en su variedad de formas y tamaños. Digo yo que para impedir que los coches suban a la acera un único modelo sería más que suficiente para dificultarles dicha infracción. Por eso llevo años analizando y sufriendo los bolardos hasta llegar a descubrir la autentica finalidad de los mismos. La única razón de ser de dichas estructuras no es otra que lesionar peatones y reducir así el número de viandantes que pululan por la ciudad dificultando la libre circulación de los automóviles. Podría ser una deducción caprichosa por mi parte, pero a las pruebas me remito. ¿Quien en un descuido no ha sufrido la acometida de alguno de estos elementos ocasionándole un moretón o dolencia en alguna parte de su cuerpo?
Los hay para todo tipo de lesiones. Estan las bolas a ras de suelo ideales para amantes del futbol despistados que se decidan a patear el balón y destrozarse el tobillo. También estan los bajitos traicioneros que atacan a la tibia dejando las espinillas mas que maltrechas; los intermedios de tendencia rotuliana que acechan las rodillas dispuestos a que el menisco sufra sus consecuencias. Y como no, esos otros, los antibaby, cuya altura deja sin posibilidad de descendencia al mas pintado. De momento solo existe la modalidad aplastahuevos, aunque no descarto que algún día incorporen cuchillas facilitando la castración del despistado.
Últimamente han aparecido dos modelos mas, de mayor altura, tal vez para autobuses, que de momento me he abstenido de probar. El primero a la altura de la cintura, ideal para caderas de jubilados y pensionistas y otro más alto tal vez para partirte el pecho y no precisamente de risa.
Se que deben existir más teorías, tantas como tipos de bolardos, pero estoy seguro que ninguna es capaz de explicar la utilidad de todos ellos. La mía era casi perfecta hasta que hace unos días encontré una nueva disposición, la de la foto. Definitivamente, pensé, los bolardos festejan algo jugando al corro de la patata, tal vez su dominio de la ciudad.
Peatones estad alerta, los días de pasear alegremente por la calle llegan a su fin...

Juliki (magullado, que no ileso)

jueves, 18 de noviembre de 2010

Arrojados a la vida


Nacemos sin derecho a replica. Es algo que uno no puede decidir por si mismo. Sus progenitores una buena mañana reciben la llamada de las hormonas, o tiene un desliz durante un calentón y hacen una vida. La tuya. Y ahí estas tú, recién parido, con todo un mundo por descubrir y lo peor de todo, sin manual de instrucciones. Vale, a nuestro lado deambulan los padres, los profesores, los amigos que nos arropan y nos enseñan pero ¿Basándose en que recetas? Mucho me temo que a ellos tampoco les toco librito de "como vivir una vida plena". Entonces uno comienza el ensayo de vivir a base de prueba y error. Y hay que joderse con la tendencia que uno desarrolla de repetir y reiterar el error, como si le costara aprender de una vez a la siguiente. Así va transcurriendo la existencia y cuando de repente te planteas los tópicos habituales del ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Qué quiero? Es como si acabaras de nacer.
¿Que hacer entonces si uno descubre que no le gusta su vida? Es cierto que uno siempre puede optar por el suicidio y abandonar saliendo por la puerta de atrás. Pero al final la mayoría acabamos desechando la opción. Unos por que se enamoran de la vida, otros simplemente porque entretenidos en lidiar con el día a día no llegan a planteárselo... Yo lo desestimo por curiosidad; estoy empeñado en saber como acaba esto. Bueno jejeje... acabar, acabar si se como lo hace, pero me interesa el transito antes del desenlace. La batalla cotidiana, el reto del que pasará...
Hoy me levanté con animo perdedor, da igual sé que cuando horizontalizado en la cama me disponga a reposar, volverá a asaltarme esa curiosidad morbosa del ¿y mañana que más me puede pasar? Tal vez, como en el Lobo Estepario de Hermann Hesse, "Tengo gran curiosidad por ver cuanto es realmente capaz de aguantar un hombre"
No es gran cosa, pero sirve para salir de la cama al día siguiente, auque no me guste demasiado mi vida...

Juliki (curiosón)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Siluetas en la niebla




Suele pasar que aquello de lo que escapamos es inseparable de aquello hacia lo que escapamos.

Montero Glez

Demasiado tiempo huyendo de uno mismo, para acabar encontrándose tras la esquina, sin resuello, agotado de tanto huir.
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Juliki (¿de regreso?)

lunes, 15 de noviembre de 2010

Vivir callado


Pasan los días, las semanas; incluso las estaciones se alternan propiciando cambios. Cambios externos, ajenos. Mientras eso ocurre guardo silencio, porque escribir y contar requiere pensar primero. Y pensar implica plantearse las cosas, tomar decisiones...
Mutar o morir. Disyuntiva y por lo tanto decisión. Vuelvo esquivar el dilema y continúo el camino. No avanzo, tan solo sigo. Un pie detrás de otro. Días que se suceden. Preguntas no formuladas. Silencios cómplices. Pero incluso cuando uno evita las preguntas, cuando uno calla para no contar de nuevo lo mismo, cuando uno esquiva los pensamientos y aparca los problemas. Incluso entonces, las cuestiones cobran vida y te persiguen. Se fijan a un muro y asaltan tu retina día tras día y toca responder.
Llegados a ese punto sólo se puede bajar la mirada avergonzado y en voz baja, como en un susurro, reconocer la realidad: No va.


Juliki (sin rumbo)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Pastoreando inmigrantes


Todo sigue igual. No es extraño. Yo no cambio, por lo tanto nada cambia. Monotonía resignada y cobarde.
Ayer fui a buscar un libro, para encerrarme, en él. Para aumentar, una vez más, la distancia que separa la realidad de mi propia vida. ¿O es a la inversa? Poco importa.
Bajaba por Preciados y una desbandada humana me arrolló. Negros a la carrera cargando sus fardos y la gente parándose a observar el espectáculo. Intenté seguir avanzando, evitando pensar en lo duro que debe ser jugarse la vida en una patera, sobrevivir a ello para luego sentirse perseguido todo el día. Venir al primer mundo para seguir siendo del tercero. ¿Y yo tengo problemas? Lo que soy es un mierda y un egoísta.
Al girar la esquina la historia se repite, pero ahora la imagen es más irreal. Las carreras comienzan, se paran, vuelven a reanudarse, como si de una coreografía se tratase. Los inmigrantes frenan o se aceleran según varíe la distancia que los separa de dos municipales en moto. Los policías los siguen, no hacen amago de detenerlos, tan solo los conducen. Los inmigrantes lo saben y hacen la goma, mantienen la distancia.
Me veo parado, absorto mirando la situación. Me recuerda a algo. La imagen me golpea: ¿Por aquí pasa la Cañada Real? Da igual, pero es eso: los pastorean. Como si de un rebaño de corderitos se tratase, los inmigrantes son conducidos por los perros pastores alejándolos del centro de la ciudad, para que no afeen las calles atestadas de turistas y transeúntes que contemplan el culebrón, algunos con autentico deleite. -Mira, mira que cogen a ese -oigo a mi espalda y siento sin verlo la emoción que embarga al que ha hablado.
Mientras el pastor Gallardón descansará en su hogar del mundo civilizado, o se dará un baño de multitudes en algún evento. Dormirá tranquilo, sabedor del buen entrenamiento de sus perros pastores. Todo sigue igual.
Me avergüenzo de estar allí contemplando aquello sin intervenir. La resignación me embarga y regreso a casa, a refugiarme en el sofá. No abro el libro. Enciendo el televisor y me dejo conducir por la imágenes de Telemadrid. Perfecto. Beee... Me reintegro al rebaño, como tantos otros. Esperanza es mi pastor-a. Vuelvo a balar. La vida sigue igual.

Juliki (borrego gris)

viernes, 27 de agosto de 2010

Espejismos de sopor


"Una mañana te levantas y te das cuenta que ya es tarde para todo".

Juan José Millás

Pero a pesar de ello tienes un montón de horas por delante, aún por vivir. Y sales de la cama y finges que la ducha es reparadora, que el desayuno es reconstituyente, que el trabajo es saludable y el ocio reconforta. Consumes un día más que has rellenado de obligaciones aparentemente aceptadas y momentos de esparcimiento que parecen de libre elección.
Así te alcanza la noche cansado, somnoliento; pero antes de perder la consciencia la duda te asalta: ¿Estaré equivocado? Por eso ansias volver a tener la oportunidad de levantarte mañana, aunque tan sólo sea por si aún estas a tiempo de...

Juliki (bajo el sopor)

martes, 24 de agosto de 2010

Coloso de las rutinas


Soy bastante cuadriculado y eso en ocasiones es un lastre. Por eso la creatividad no es uno de mis fuertes. Para poder hacer algo he de racionalizarlo primero, repetir reiteradamente la tarea después y así, finalmente, tener la práctica suficiente como para realizarla con soltura. Me gusta mucho ese proceso de perfeccionamiento que va del desconocimiento inicial al dominio final pasando por el aprendizaje. En ese punto para la mayoría de las personas llega el aburrimiento. Dominada la tarea se impone la rutina.
Yo en cambio soy capaz de enmascarar la rutina de novedad. Mi secreto es intentar llegar a la perfección. Hacerlo cada vez mejor. Combinando mi elevado grado de exigencia con el hecho de que la perfección es algo tan inalcanzable o intangible como el concepto de infinito, el resultado final es que cada día tiene el aliciente de volver a intentar ir un poco mas allá, un poco mejor y ese reto me mantiene alerta, despierto, incluso ilusionado. Para mi la rutina tiene su aliciente particular. Es raro, pero soy así.
También soy rutinario en mis manías, en mis recorridos... Por ejemplo, para ir al trabajo todos los días empleo el mismo trayecto, me gusta la cotidianeidad de cruzarme con las mismas personas y observar las ligeras variaciones que se producen en sus vidas. Me gusta tener referentes que me den esa aparente seguridad que proporciona lo ya conocido.
No se donde leí que eso no era bueno, que el cerebro se acomoda y si el recorrido es el mismo, trabaja menos y en cierto modo se abotarga. Decidí que mi cerebro fuera haciendo footing al trabajo para mantenerse en forma y varié diariamente mi ruta. No me agradaba la sensación, me creaba desconcierto, pero pensé que sería la resistencia lógica al cambio. Dos semanas después me quede boquiabierto al comprobar que sin intencionalidad por mi parte había regresado de manera inconsciente a mi natural cuadriculación. Ciertamente cada día iba por un camino distinto, pero los lunes usaba la ruta 1, los martes la 2... Y así indefinidamente. Decidí abandonar el footing cerebral y volver a mi rutina, porque hay cosas que incluso cuando cambian, siguen siendo iguales...

Juliki (imposible)

lunes, 23 de agosto de 2010

Indiferencia colectiva


Llevo un tercio de mis vacaciones consumidas y como se dice vulgarmente no he hecho nada. En realidad nada, nada tampoco es cierto. Me he comido la cabeza, he leído, he caído en los errores habituales, he paseado, he leído, he paseado, he leídopaseado...
Mi mes de vacaciones es el único instante en el que puedo abandonarme a la lectura como me gusta; sin prisas, sin que nada ni nadie perturbe mi estado de ensoñación, sumergiéndome en los relatos como si la realidad no importara, intentando aspirar las palabras convertidas en historias ajenas, que no lejanas.
Durante este periodo es también el único que puedo vagar sin rumbo fijo, callejeando sin destino ni finalidad, observando el entorno sin importar el tiempo, sin que la obligación perturbe el recorrido ni condicione su duración.
Si por alguna misteriosa razón tuviera que prescindir de todo lo que me gusta salvo dos cosas seguramente me quedaría con estas dos pasear y leer
Estos últimos días he combinado ambos placeres, pero no solo alternativamente como suele ser habitual, sino simultaneándolos. El martes pasado caminé 257 paginas, el jueves un libro completo. Un nuevo placer, salir de casa, caminar sosegadamente y leer mientras paseo, durante horas, sin sentir cansancio, bajo el arrullo de las frases que cobran vida.
Hoy estuve en la biblioteca, canjeando los textos degustados por unos nuevos. Desde que salí de allí he sido incapaz de disfrutar del paseo ni la lectura. Lo que allí ha acontecido me tiene confuso, inquieto, enfadado...
Biblioteca de Retiro, 9:58 horas. Un guarda jurado se acerca a un lector que con su ordenador parece concentrado.
-No puedes estar en esa mesa, ya te lo he dicho, ¡largo!
-Por favor déjeme tranquilo, si no puedo estar aquí que venga un responsable de la biblioteca a decírmelo.
-Que te pongas allí joder, aquí no puedes estar.
Las voces se elevan y asomo mi cabeza desde la estantería cercana.
-No me toque, ni mis cosas tampoco, que venga un responsable a...
-No va a venir nadie, me haces caso a mí y lárgate de una puta vez.
Toda la biblioteca contempla impasible la escena, incluido yo mismo, sin rechistar.
-Y si no lo hago ¿me vas a pegar con la porra?
-El guarda jurado se acerca a unos centímetros del rostro del lector y susurra- te voy a pegar una ostia y a continuación le aferra por el cuello tirándole de la silla.
El chaval llora y reclama ayuda.
Estoy parado y no hago nada, miro a mi alrededor y nadie se mueve, parecemos espectadores indiferentes ante una película de serie b.
La violencia cesa, el chaval entre lágrimas llama a la policía, intimidado por el marcaje del guarda jurado que le obliga a recoger sus cosas y le incita a marcharse, porque allí no se puede hablar por el móvil. Sigo observando con mirada analítica sin intervenir. Me callo aunque se que debo hablar. ¿Por qué?
El chaval esta desquiciado, gimotea y ha perdido el control, esperando la llegada de la policía. Su cuello enrojecido aún muestra las marcas de lo ocurrido.
Canjeo mis libros y le sugiero a la bibliotecaria que me atiende que avise a la encargada. Me dice que no esta y agacha la mirada. Insisto en que esa situación no es normal y que alguien tiene que hacer algo. Pienso en salir de allí para no seguir viendo aquello, para evitar mi incomodidad, pero de manera egoísta, sin hacer tampoco nada.
Entonces ocurre, el jurado esparce por el suelo las cosas del chaval, ordenador incluido, en un nuevo intento de sacarle de allí a la fuerza, ante las lagrimas y desesperación de su propietario.
Me vuelvo a petrificar, un libro de Bertolt Brecht descansa en el carrito de devoluciones. Sé que no voy a irme, que no puedo callar más.
Aparece la responsable de la biblioteca y el Jurado trata de imponer su criterio, quiere explicar él la situación. Intervengo sugiriendo que hable a solas primero con el chaval, para que este se tranquilice y luego con quien considere oportuno, pero desde luego sin la presencia del guarda de seguridad. Así lo hace
Espero, tengo que contar lo que he visto. Llega la policía, se une a la conversación entre la responsable y el agredido. Después charlan con el de seguridad.
Sale el chaval pidiendo si alguno de los presentes quiere contar lo ocurrido. No lo dudo, echo a andar con la convicción de que es lo menos que puedo hacer. En la biblioteca había cerca de 50 personas, todos lo han visto; solo dos hablamos con la policía, contamos nuestra versión de lo ocurrido y aportamos nuestros datos. El resto mira, como lo hice yo en un inicio motivado por mi cobardía, intentando que nada de aquello les salpique ni altere su existencia. Somos egoístas, cobardes, insolidarios; por eso, la vida sigue igual.

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Juliki (preso de su cobardía)

domingo, 22 de agosto de 2010

Empezar por el principio


- "... se puede vivir, y también bailar, bajo la lluvia y bajo el frío, sin paraguas, sin impermeable y hasta sin zapatos, siempre que uno sepa encontrar dentro de si la resolución de salir adelante. Y que por eso no hay que rezar para que no se vaya el buen tiempo, que nunca dura eternamente, sino para no convertirnos en cómplices de la adversidad, que siempre, antes o después, nos acaba alcanzando. La vida puede ser amarga, puede ser injusta, puede empeorar hasta lo indecible, y aun así somos capaces de vivirla y de sacarle partido, tanto como ni siquiera podemos imaginar. Por eso tenemos para ella y para con nosotros mismos la obligación de alzar la cabeza y seguir siempre. De ser fuertes y no rendirnos pase lo que pase. En eso se resume todo, y lo que a eso se oponga, a la basura."


Lorenzo Silva


Hoy sin falta saco el cubo, lleno hasta el borde.

Juliki de limpieza

sábado, 21 de agosto de 2010

Días sin mejora


Llevo varios meses huyendo de mí, por eso apenas escribo. Convivo con el ser en que me estoy convirtiendo y de vez en cuando, juntos, nos dejamos caer por el blog. Releemos entradas anteriores sintiéndolas ajenas y entablamos discusiones imaginarias como dos seres que habitando un mismo cuerpo se disputaran el control. La Realidad y mi realidad en perpetuo enfrentamiento.
A veces me sublevo y la lectura me insufla nuevos ímpetus; vuelvo a juntar letras como si fuera el de antaño, pero eso dura uno, a lo sumo dos días. Luego desaparezco, me sumerjo otra vez más en esa parodia de doctor Jekyll y mister Hyde que es mi vida. Permanezco encerrado en mi laboratorio, aislado del mundo buscando esa solución que sé que no llegará.
Hoy no tomé la poción y mantengo el control, aunque sufro raras visiones, mañana…
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Juliki residual

sábado, 10 de julio de 2010

Ídolos del mañana

En las últimas fechas la euforia se ha desatado, los enemigos irreconciliables se abrazan bajo una misma bandera y alaban a sus ídolos de pantalón corto.
La crisis desaparece, la precariedad laboral se olvida y las desgracias de la vida cotidiana se difuminan eclipsadas por la pasión colectiva. Triunfa la idea única, la fiebre por el fútbol. La pasión por la roja. El podemos...
Me gusta el fútbol como deporte de grupo, de cooperación, pero aborrezco el sentimiento irracional de seguir unos colores. Sé que una afición puede resultar enriquecedora, sana e incluso recomendable; que puede desatar la alegría, convirtiendo la vida en una fiesta, pero siempre que no anule nuestro espíritu crítico y acabe enmascarando la realidad, aturdiéndonos, convirtiéndonos en fanáticos.
En otro día, regresando a casa por una calle jalonada de banderas, respirando el ambiente de triunfo y escuchando los comentarios elogiosos sobre los héroes futboleros del personal, encontré mi propio ídolo. Llevaba calzón corto y una camiseta roja de tirantes. Carecía de dorsal y caminaba obediente de la mano de su madre. A la altura del mercado ese niño, giró la cabeza y vio algo que todos, futboleros o no llevábamos observando a diario. En el suelo acurrucado entre sus fardos, descansaba un indigente.
-Mama ¿Por qué ese señor esta tirado en el suelo?
Noté como la madre se tensaba avergonzada, igual que me ocurrió a mi que caminaba tras de ellos.
- Es queee... No tiene casa, es pobre... -Balbuceó confusa la madre
-¿Y no podemos ayudarle?
Me sonrojé y la frase de moda me vino a la cabeza "Entre todos podemos... "
La falsedad de la consigna se me hizo más palpable y una coletilla mentalmente la completaba "... pero no nos interesa". No en esto.
La mirada limpia del niño vio una realidad que no entendía y se paró a cuestionarla. En cambio, nosotros, adultos endurecidos por el día a día, embobados por ilusiones fantasmas, adormecidos por pasiones improductivas, pasábamos de largo, mirando a otro lado.
Por eso hoy elijo mi propio héroe, ese niño, de apenas cinco años, para aclamarlo, para ensalzarlo. Va de corto, con su elástica roja, pateando una lata abollada de coca cola. No es futbolista y cuando el domingo la euforia colectiva invada las calles nadie mas reparará en él, en su acto de días atrás. Con los años, crecerá, se hará mayor, vibrará con los partidos de la selección y seguramente mirará a otro lado al pasar junto al mercado. Como hago yo, como hacemos todos...

Juliki (Podemos… avergonzarnos)

jueves, 1 de julio de 2010

Vago ensueño


En ocasiones leo libros. Forman parte de mi dieta. Son tan importantes como el desayuno, abrir los ojos cada mañana, disfrutar de una caricia y respirar.
Hay días que estoy convencido que podría prescindir de respirar y hasta es posible que lo haga sin saberlo. Eso pasa cuando las palabras impresas fluyen como una ráfaga, evaporan el tiempo y se adentran hasta rozar el corazón. No siempre ocurre.
Llevo un mes a dieta, sin libros. Huérfano de lecturas. En todo ese tiempo he desayunado cada mañana, he abierto los ojos y creo haber recibido alguna caricia. Debería ser suficiente para sentirse vivo y curiosamente no lo es. Ha sido un tiempo muerto, estéril. No he podido refugiarme en la vida de otros, tampoco he vivido la vida propia. Ha sido como vagar por la rutina asumiendo lo que debe ser sin cuestionarlo. Levantarse, desayuno, ducha, curro, comer, correos, compromisos, clases, cena, dormir y vuelta a empezar. Encefalograma plano.
Hoy abro Julio y con él las páginas de un libro. Extraño la sensación, pero mis dedos conocedores de la mecánica, me guían. Palpo cada hoja y mis ojos se acompasan al discurrir de las líneas. De repente mi vida se apaga y entro a fondo en la de otros. Sé que esto no es vivir, pero sin ello la vida no es.
En ocasiones disfruto la vida ...

Juliki ( Boceto de existencia)

martes, 15 de junio de 2010

El arte de perder



Llevo semanas esperando. Me había propuesto no escribir nada hasta tener algo bueno que compartir. Siempre que intento esto acabo fracasando. Igual solo sirvo para narrar desgracias, desilusiones y derrotas. Mira que bien, narrador de la desesperanza ...
Vuelto a juntar letras, no porque tenga algo "satisfactorio" que contar, sino mas bien porque si sigo esperando, acabaré cerrando un blog lleno de telarañas.
Los acontecimientos se suceden y cuando ya nada puede empeorar va y lo hace. La verdad es que mas bien la historia se repite, con sus variantes, pero suele ser la misma "mierda" servida en distinto plato.
Resumiendo no se donde meterme. No entiendo el mundo en que vivo, ni a la gente que me rodea. Cada vez me horroriza mas el ser humano o ese simulacro que decimos ser. No me gusta mi vida y a estas alturas, ni siquiera tengo energías para dar un nuevo golpe de timón y reinventarme. Estoy mayor, refunfuñón, cascarrabias, enfadado con la humanidad y lo que es peor, conmigo, con esa pasividad que me domina.
Ayer tuve ocasión de volver a las barricadas de enfrentarme a lo que mas odio: el engaño, la manipulación, la mentira ... estaba en ello, con el cóctel molotov en la mano. Mire alrededor y no había nadie. Mire al frente y allí estaban todo un batallón, bien pertrechado, apuntándome impasible. La primera idea fue arremeter contra ellos, luchar por lo que creía justo, razonable. Pero dejarse abatir no sirve de nada. El héroe muerto no gana batallas.
La segunda idea fue inmolarme, pero ese suicidio tampoco ayudaría a mi causa. El mártir solo lo es de cara a la galería.
La tercera idea fue que tenía que estar equivocado, que ellos tenían que tener razón porque eran mas. Estaba sopesando la rendición pero desistí porque el prisionero acaba siéndolo de si mismo
Al final me pudo la cobardía. No fui héroe, ni mártir, ni prisionero fui espectador incrédulo, boquiabierto, balbuceando su verdad sin ser escuchado. Volví a casa como es habitual: roto, derrotado y solo.
Era simplemente una reunión de vecinos, pero como siempre con sabor a contienda irracional. Allí pude ver odio, envidia, deseo de venganza, lucha de poder, fascismo encubierto, gregarismo, manipulación, engaño … Lo esencial del ser humano.
Por eso hoy me siento al borde del abismo. Me asalta la duda ¿Es la esencia del ser humano siempre así? Tal vez la respuesta sea afirmativa y, entonces el que no debería seguir siendo humano sea yo.

Juliki (Buscando especie)

domingo, 30 de mayo de 2010

Naufragar en la madurez



Sin apenas sentirlo, el correr del tiempo va empequeñeciendo las habitaciones donde jugábamos. Un día dejamos de volar cometas y, casi a traición, se empiezan a llenar nuestros bolsillos de objetos útiles. Los mismos que irán abultando, bajo el traje chaqueta, el volumen de nuestras obligaciones.


Lola Beccaria



Cuando uno es niño ansía crecer para poder disfrutar de los placeres prohibidos, para ser el patrón de barco que gobierne el timón de su propia vida. Tanto lo anhelamos, que cuando llega la ocasión, la mayoría de las veces no estamos preparados. Nadie nos enseñó a manejarnos en las tormentas de la vida adulta, no fuimos capaces de entender cuantos tifones y huracanes ha de afrontar el capitán del barco. Nos olvidamos de asistir a la escuela de marineros de la vida, empeñados en ser desde el principio capitanes. Por eso, las obligaciones cotidianas nos asfixian y, muchos días, nuestro niño interior perece o naufraga tomando decisiones de adulto. Muchos adultos quisiéramos ser niños y volver a disfrutar de los placeres infantiles que antaño desdeñamos. Tenemos que crecer, cuando nos gustaría menguar. Nos resignamos a ser adultos y cada mañana intentamos reanimar a nuestro niño ahogado. Si pudiéramos saltaríamos al bote salvavidas, abandonaríamos el barco y yendo a la deriva buscaríamos la isla del tesoro. ¡Si fuera posible …!, pero hay cosas que solo se enseñan y se aprenden con los bolsillos vacíos, en la niñez.


Juliki (¿vaciando los bolsillos?)

sábado, 29 de mayo de 2010

Luchar en la derrota



La vida es una paradoja, cuanto mas afán pongo en escribir, mas se resiente mi blog. Es la contradicción del querer y no poder, del que mucho abarca poco aprieta y sobre todo del cansancio y la dejadez.
Me hago mayor, no solo mi cuerpo que continua su lento envejecer, chirriando a pesar del pilates; es mi espíritu otrora jovial, combativo y curioson el que también se doblega, se resigna. Lucho en la derrota e intento cada día un último y denodado esfuerzo por sobreponerme, pero cuando llega el instante de rendir cuentas y de pasar revista al día, el sueño me vence. En ese sueño se diluyen mis buenos propósito, mis intenciones, arrastrando los que deberían ser mis sueños de verdad. Así amanece un nuevo día y haciendo un corte de mangas a la pereza madrugo, actualizo mis correos atrasados, me marco un pilates mañanero y atiendo mis blogs. El resultado es esto, un relleno lleno de lamento, que sin dejarme satisfecho al menos me reconcilia con la intención o el sueño de retomar mi vida. Solo queda conocer que tipo de sueño triunfará hoy.


Juliki (¿Dormido o soñado?)

sábado, 22 de mayo de 2010

Regreso al presente



Vuelvo después de una dilatada ausencia. Me retiré a mis aposentos a reposar, repensar y recuperarme. Dejé de escribir con la esperanza de que al no reinterpretar la vida con mis palabras, esta se narrara sola, de una manera mas amable, mas bondadosa. Me temo que no ha sido así; todo sigue igual, o parecido.
La realidad esta ahí fuera, desarrollándose y engullendo mi mundo interior, el de todos y cada uno de nosotros. Avanza con ese chirriar entre querer y tener; entre lo que es y lo que debería ser que, a mi al menos, me desconcierta.
No lo entiendo. El mundo. La vida. Vuelvo a intentarlo, reviso prensa de días atrás y leo dos noticias.
La primera parece de relleno. Según un estudio: “Los niños que mienten, estan mas preparados para triunfar en la vida“. Generalmente este tipo de estudios me generan desconfianza; me da la impresión que al igual que ocurre con las encuestas de intención de voto uno puede apañar el resultado, dependiendo del sesgo que le de a la consulta. Se me agolpan las dudas y las preguntas: ¿Cómo harán el estudio? ¿Hacen seguimientos desde la niñez a la edad adulta de individuos? ¿Cuántos?¿ Cómo evalúan conceptos tan ambiguos como mentir y triunfar estos señores? Si triunfas y luego fracasas ¿es por mentir? ¿si dices alguna verdad esta poniendo en peligro su éxito? ¿Quién gasta dinero en semejantes estudios y con que fin?
Obviamente no estoy preparado para entenderlo, ni para triunfar en la vida, me temo.
Llego a la segunda noticia, que no me sorprende, quien sabe porqué: Esperanza Aguirre dice que es “Pobre de pedir”. Claramente si alguien en su posición y su estatus hace semejante afirmación, puede ser por:
1- Esta bromeando. Con pésimo gusto por no decir algo peor. Menosprecia y veja a todos aquellos que a duras penas sobreviven y se ven obligados a pasar por el duro trance de pedir. Muy apropiado en una persona que desde su mas tierna infancia no ha carecido de nada. Regusto a prepotencia, rancio abolengo y …
2- Es así, pobre de solemnidad; estamos todos equivocados con ella y lo que aparenta ser. Pobre mujer
3- Miente.
¿Cada uno que marque la opción que le parezca. Yo por mi parte marco las tres.
1-Se permite el lujo de bromear con la miseria y desgracia de los demás. Porque todo vale y diga lo que diga nada ni nadie le pasa factura.
2- Si, estamos equivocados, es peor de lo que aparenta.
3- Como es costumbre en cierto tipo de personas.


De repente las dos noticias se fusionan y el estudio cobra sentido. ¿tendrá validez a pesar de mis reparos iniciales?.
Sonrío, vuelvo a escribir para constatar mi torpeza, mi inadaptación. Para agradecer ser lo que soy. Un proyecto de fracaso. Contento de serlo. Porque si para tener éxito y triunfar en la vida hay que seguir ese ejemplo y mentir. Elijo fracaso, libremente.


Juliki (saboreando el fracaso)

domingo, 25 de abril de 2010

Riada de emociones



Ayer fue un dia fugaz, pero intenso. Me llené de abrazos, de risas, de buena compañía...
Hoy quedan retazos de esas sensaciones, imagenes rememoradas, el regusto de esa vida que uno le gustaria frecuentar.
El cansancio me invade, pero al entornar los ojos las imagenes se agolpan, combaten la fatiga y dibujan una sonrisa irreprimible.
Amigüitos gracias por estar ahi, en esa fraternal "isla" cordobesa donde uno puede arribar de vez en cuando y siempre es bien recibido.
Casi siempre llego como un naufrago. Allí sano las heridas y al regresar parezco reconciliado con la humanidad. Al menos por unos días.


Juliki (repleto de afecto)

jueves, 22 de abril de 2010

El oficio de rumiar



Hay días que aunque uno sabe que esta despierto transcurren como si se trataran de un sueño. Uno tiene la certeza de que aquello es real, pero le parece inverosímil que lo sea. Tal vez por eso su voz interior le susurra insistente: " Esto no puede estar pasando". Pero pasa ...
Hoy supuestamente mi jefe se marchaba de viaje por una temporada y no tenía previsto aparecer por el taller. Sentí una cierta euforia, ante la posibilidad de trabajar solo, en silencio, concentrado. Sin que nadie perturbara la placidez de esmerarme en mi tarea con comentarios destructivos o regañinas extemporáneas.
Suena el teléfono. Es él. Ha olvidado algo y se va a pasar. Continuo relajado y dispuesto a que nada altere mi paz interior. ¿Seré capaz? Llega. Al rato suelta la frase:
-¿Podrías hacerme un favor?
No parece peligrosa, pero sé por experiencia que esa frase suele ser el preludio de algo letal, de algo que no voy a entender. Servicial le digo que si y espero ...
Revivo la imagen a cámara lenta y con la misma incredulidad que cuando aconteció. Se agacha, se quita un zapato y me lo tiende.
- Se ha despegado la suela, ponle cola de contacto.
Soy un tipo apañao y no me cuesta hacer favores, pero cuando trabajas para alguien ¿Donde esta el límite entre el favor y la obligación? Mi cuerpo se tensa y pide a gritos decir algo. Sumiso sopeso si es un sueño mientras busco la cola de contacto. Mi cabeza piensa en lúgubres espirales infinitas. Trabajo de estampador. No soy chico para todo. Bueno si, pero para todo lo referente al taller. Nadie debería pedirme que le arregle su zapato y menos aun si acaba de salir de un pie sudado. ¿Estoy flipando o es un abuso excesivo?. Nada va a alterarme. Hoy no. Soy aprendiz de estampador, cuando acabe esto volveré a los grabados. Esto no puede estar pasando ...
Se calza satisfecho su zapato reparado y antes de salir me abronca por algo referente al trabajo. Esta vez no me afecta. Continuo rumiando lo del zapato. Me gustaría ser un simple estampador.

Juliki (De profesión incierta)

domingo, 18 de abril de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad VIII



Cuando mi pareja me dijo que era maravilloso y me quería como un amigo, empecé a sospechar que algo andaba mal. A los pocos días me dejó y quedamos como amigos. Desde entonces no hemos vuelto a vernos. Nuestra extraña amistad dura ya varios años.


Juliki (Amistad excluyente)

viernes, 16 de abril de 2010

Platicar con tu ausencia



Hoy acudí a nuestra cita anual, me senté en la terraza del Petit y contemplé tu silla vacía. Pensé en pedirte una cerveza, pero haberla dejado sin beber sobre la mesa hubiera sido imperdonable. Tuve la intención de bajarme los V de Vendetta que me regalaste para releerlos, pero preferí estar a solas contigo, con tu recuerdo, con el dolor de tu ausencia.
¿Que puedo contarte? Que la vida sigue, aunque igual igual no. Se nota el vacío de los que se han ido, se percibe que nos hacemos mayores y que las telarañas van apareciendo para recubrir la memoria. Cada semana paso la mano, aparto el polvo y saco brillo a tu recuerdo. Es mi forma torpe de sentirte aun. A veces surge inconsciente al pasar por tu calle, al buscarte con la mirada en el Petit, donde se que no estarás. Otras veces solamente te imagino sentado, con tu sempiterno ducados en la mano, o removiendo papeles apareces en una foto de antaño.
Te has ido pero sigues por ahí. Me gusta imaginar que susurras consejos a mi oído, que me abroncas como yo hacia contigo, cuando meto la pata. Sé que no es así, aunque en el fondo sigues influyendo en mi vida, porque aunque ya no estés, siempre formarás parte de ella.
Estoy intentado retomar mi vida, centrarme y recobrar inquietudes de antaño, algunas comunes como la de emborronar cuartillas que tu también frecuentabas.
Llevo varias semanas enviando micro relatos a un programa de radio, donde una vez a la semana suelen leer alguno de los que envían los oyentes. Jejeje … Coincidencias de la vida hoy, por primera vez, leyeron uno mío.
Quería darte las gracias, porque aunque el marrón que me dejaste al marcharte no es tarea fácil, estoy en ello. Me refiero a esa sensación de tener que disfrutar y vivir la vida con intensidad; como si tuviera que hacerlo por ambos. Por mi y por todos mis compañeros, pero por mi el primero, como decía otro que también se fue. Y en eso ando. Lamento la torpeza, el no saber hacerlo mejor, pero a veces cuesta disfrutar; cuando duelen las heridas o cuando las circunstancias y el entorno se vuelven hostiles. Pero continuo con ahínco, sintiendo la vida con su sabor agridulce, que paladeo cada mañana.
También hoy, un amigo común, me comunicó que tras un complejo tratamiento de fertilidad y aunque hay que esperar unos días de incertidumbre para confirmarlo; se abre la anhelada puerta a la posibilidad de ser padres. Como ves la vida sigue fluyendo … Con alegrías que enjuagan las penas.


Juliki (Con resaca de ausencia)

miércoles, 14 de abril de 2010

Miserias cotidianas



Hoy el día comenzó con pesadilla. No ocurrió mientras dormía, que suele ser lo usual; aconteció caminando hacia el trabajo. Varias horas después aún me pregunto si fue sueño o realidad.
El reloj de la parada marcaba las 7:23 y en mi semáforo favorito el peatón que hay en mi hace girar el tambor de la pistola y se dispone a cruzar. Muñeco verde, un pasito "pa lante" y ... un saltito para atrás. Hay que evitar la bala de cuatro ruedas que se me echa encima. Hastiado de esta historia interminable doy un manotazo a la parte trasera del coche y comienza la realidad-ficción.
Frenazo de película, una ventanilla que desciende y la ira con forma de cabeza humana pronunciando unas lindas palabras mañaneras dedicadas a mi persona:
-Me cago en la grandísima puta que te parió, como vuelvas a tocar mi coche te reviento la cabeza.
-Pues no te saltes el semáforo. Replico algo aturdido.
Su cara cambia de color, suelta un exabrupto que no llego a entender. Abre la puerta y abandona el coche.
Parado en mitad de la calzada observo la bala, esta vez humana, que enfila hacia mi. Mi cerebro despierta de golpe, tengo el tiempo justo de captar esa mirada asesina dispuesta a todo, de ver como aprieta los puños, como avanza y ladea el cuerpo para tomar impulso. Las alarmas se encienden. Tengo que tomar una decisión rápida y aunque mi yo malote me diga al oído que merece que alguien le rompan la cara; se de antemano que no seré yo. No va con mi forma de ser, no soy violento, no quiero pegar a un ser humano, aunque se lo merezca ...
Reculo sin perderle de vista, mantengo las distancias para evitar que pueda llegar a golpearme. Su frustración aumenta, me insulta. Yo reitero que se ha saltado el semáforo, no parece importarle, continua su agresión verbal, pero detiene el avance. El muñequito rojo reaparece, se oye algún pito y mi presunto agresor regresa a su coche lanzando nuevos improperios y reiterando sus amenazas:
-Si vuelves a tocar mi coche te machaco.
Lo prudente sería callarme, acabar de cruzar para que otro coche no me atropelle, pero las palabras brotan de mi boca:
-Te importa mas tu coche que las personas. ¡Que fuerte!
Se vuelve, da un paso … Afortunadamente la impaciencia de los otros conductores hace que, volviendo a insultarme, se meta en su coche y desaparezca.
Termino de cruzar. Supuestamente la pesadilla ha terminado, pero en mi boca hay sabor a tristeza. Me siento mal por haber sido participe de una película tan sumamente desagradable. Reflexiono.
¿Que debo hacer?
¿Resignarme cada mañana?
¿Dejarme atropellar?
El malestar me acompaña el resto de la jornada, no es por los insultos, ni porque casi me parta la cara un descerebrado. Es por la frustración de no saber que hacer, como actuar. ¿ Es malo reivindicar lo que uno cree que es justo? Languidezco en la impotencia.
Si así somos los integrantes de la raza humana, estoy pensando que debería borrarme.

Juliki (Desdibujado en la tristeza)

lunes, 12 de abril de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad VII



Recuerdo que fue la destreza de mi abuela, la que devolvió a la vida aquellos pantalones largos, que me habían quedado pesqueros tras el estirón. Les amputó la perneras y con hábiles puntadas los transformó en unos short, muy a la moda de entonces.
Yo sonreí aparentemente agradecido; jamás me atreví a confesar la verdad: Odiaba aquellos pantalones.


Juliki (abriendo el baúl)

sábado, 10 de abril de 2010

Vida sin argumento



Salí a pasear aprovechando la bonanza climatológica. Callejeando sin rumbo aparente, disparando alguna foto ocasional y quien sabe si buscando una señal.
Abrí los ojos, aparté las legañas que habitualmente me obligan a mirarlo todo a media luz, a contemplar mi realidad como si tratara de un sueño, ajeno a mi. La vida de otro ...
Tampoco es eso; cuando uno analiza la vida de otros tiende a criticarla, a comentar los "fallos" y yo con la mía no lo hago. La miro extrañado, en ocasiones sorprendido y la dejo pasar.
Esta pasividad me recuerda esas tardes de apatía en que uno tumbado en el sillón, cambia de canal hasta quedar varado en una película insustancial. La ves con desgana, inercialmente, pero atraído por el magnetismo del no soy yo, no va conmigo, es ficción, no aporta nada. Que mas da, si evita que uno piense y se agote de dar vueltas en circulo a pensamientos cuadrados. Es el escape, la huida, el déjalo correr que ya cambiará ...
Nuevamente el engaño autocomplaciente que no es sutura para la herida, ni tan siquiera tirita; mas bien apósito inútil que no acabará con la gangrena, que se extiende por la inacción. Si uno no reacciona llegará la amputación; de una parte, del todo, y será tarde para poder seguir adelante, al menos completo.
Las perdidas de otros también lo son, pero queda el recuerdo sanador, la añoranza curativa. Perderse a uno mismo es quedarse sin nada, diluirse, desaparecer. No tiene cura.
Me veo, me toco, me siento ... me resiento. No se concretar el mal que me aqueja. Miro alrededor buscando lo que no encuentro dentro y veo el cartel. Saco la cámara, hago la foto y continuo el paseo. Hoy solo hay respuestas ambiguas ...


Juliki (cercado de sombras)

miércoles, 7 de abril de 2010

Ver sin ser visto


Leo y a ratos reposo y observo. El escenario cambiante se llena de personajes que desfilan ante mi. Algunos pasan silenciosos, otros me regalan diálogos truncados.
Una mujer relativamente joven se acerca a un banco. Se gira y dice:

-¿Nos sentamos? Mejor no. Tenemos que irnos a casa. ¿Lo entiendes?

Su perro la adelanta y continúan su camino.
Me quedo pensativo mientras los veo alejarse. La comunicación y la soledad son sorprendentes: cuando se presentan, cuando estan ausentes ...

Juliki (mirón reflexivo)

sábado, 3 de abril de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad VI



Todas las mañanas cuando al intrépido muñequito verde aparece, observo indignado como los coches continúan su marcha. Me gustaría realmente tener los nervios de acero para poder dejarme atropellar y salir ileso. Como no es así, grito, gesticulo … y mis nervios se marchan persiguiendo al infractor.
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Juliki (atropello virtual)

viernes, 2 de abril de 2010

Esquirlas de personalidad



Ya no soy el que era. Tampoco es que me arrepienta de dejar de serlo, forma parte del proceso de evolución. Lo extraño es que en ocasiones, me veo como si no fuera yo, como distanciado de mis pensamientos y reacciones y eso me crea un cierto desasosiego. Al final no se si soy el que actúa, el que piensa como debería actuar o el que mira como piensan y actúan los otros dos ...
El otro día fui a ver al fisio, para el repaso de chapa y pintura al que me someto una vez al mes y que resulta imprescindible en mi estado, a mi edad.
Iba relajado, dispuesto a disfrutar el trayecto y con la única incertidumbre de cual de los dos libros sería el elegido para amenizar mi transito en el metro. Había sitio libre, me senté, tomé mi decisión y comencé a sumergirme en el placer de la lectura. Tan solo había transcurrido una estación cuando alguien, un imberbe con aspecto moderno, irrumpió en el vagón con su móvil, ipod o similar atronando una música tipo bachata, bakalao, o como ahora se denomine el sonido imperante.
Le fulminé con la mirada, a la espera de que captara el mensaje, claro y conciso: Me molesta. Pero hizo caso omiso, no se si cegado por su visión de "soy un malote" o ensordecido por el estridente sonido con que obsequiaba a todo el vagón. Volví a intentarlo, esta vez lanzando un rayo exterminador, pero contra lo que hubiera sido mi deseo ni se desplomo, ni su aparato salto por los aires desgajado en mil pedazos dando paso al silencio.
Intenté encerrarme en mi burbuja, para que las palabras escritas acallaran el ruido imperante. No lo conseguí.
Entonces noté el vahído, la escisión de mi persona: Por un lado el prudente-cobarde que intentaba obviar el problema con la cantinela resignada del " déjalo estar, lee, concéntrate, olvídalo ..." Sin éxito.
Por otro lado una bocanada de mala ostia ascendía por mi esófago cual bilis incandescente, para dar salida al cascarrabias-protestón que hay en mi. “Levántate y con educación indícale que te molesta y que por favor use los cascos o baje el volumen y si dice que pasa, que te jodas le …”
Otee el vagón y vislumbré un sitio libre mas a la derecha. Recorrí los 10 metros que me separaban de él y en mi nueva ubicación con el sonido atenuado que no extinto volví con pasión a la lectura. En ese instante te abrieron las puertas y ocurrió.
Una jovencita de paso resuelto entró con su música predilecta aniquilando el frágil equilibrio que acababa de lograr.
¡No puede ser! aullaron al unísono dos voces en mi interior. Se miraron perplejas y comenzaron una encarnizada lucha entre mis dos "yos". Discrepaban acaloradamente entre la opinión favorable a la acción reivindicativa y la resignación educada y pacifica. Me separé de mi cuerpo en conflicto y desde la proximidad tras un ataque de risa ante la discusión interna de que era testigo y lo paradójico de la realidad, mi parte observador-analítico empezó a evaluar la situación. No esta bien resignarse, tampoco agredir, pero debes buscar una solución para cuando esto vuelva a ocurrir, que ocurrirá …
Y así llevo unos días, buscando … He tomado una decisión: La próxima vez que alguien me someta a similar agresión y pisotee mi derecho a la tranquilidad con su música; educadamente le pediré que modere el volumen, le invitaré a usar cascos, incluso llevaré unos para ofrecerle cortésmente y si se niega o me replica, desenvainaré mi libro y con mi mejor entonación y a pleno pulmón comenzaré la lectura de mi texto en la proximidad de su oreja para que intuya lo molesto que puede llegar a ser la invasión musical a que ellos me someten.
Ahora solo queda atreverme …


Juliki (en pie de guerra)

viernes, 26 de marzo de 2010

Lento derrumbe



Dudo si ponerme a escribir, si contar la penúltima. Tal vez mi visión es demasiado partidaria, excesivamente visceral. Quizás sea injusto y me ensañe una y otra vez viendo solo el lado negativo de su actuación. Seguro que tienen muchas cosas buenas que ahora no soy capaz de ver, pero ... Estoy jodido.
Llevo 7 años 1 mes y nueve días trabajando para ellos. En todo este tiempo el número de segundos perdidos en mi horario laboral para fumar un cigarro es cero. No tiene merito alguno. No fumo.
Para tomar café, infusiones ... el tiempo consumido de mi jornada de trabajo suma la cantidad de cero segundos.
El retraso al llegar a mi trabajo acumulado en estos años, no sabría contabilizarlo, pero sea el numero de segundos que sea lleva un signo negativo delante. Nunca he llegado tarde a trabajar, no me he dormido ningún día; y normalmente llego entre 3 y 8 minutos antes a mi puesto de trabajo
El tiempo empleado en visitas de amigos, familiares, conocidos ..., no se calcularlo, pero si alguno aparece por el taller, cosa que no suele ocurrir, sabe que el tiempo que voy a dedicarle, será el justo para abrirle la puerta y saludarle. Si quiere algo importante le escucharé, mientras continuo haciendo mi labor.
Cuando alguien ha ido a buscarme una vez que mi jornada laboral ha concluido, sabe que si considero que debo acabar algo, tendrá que esperar, porque aunque sea mi hora de salida no voy a irme hasta que finalice lo que este haciendo.
Suelo tener mi móvil apagado y si por olvido esta encendido no suelo atender las llamadas salvo caso excepcional.
Paro 20 minutos escaso a tomar algo de comer. No lo hago a una hora prefijada, suele ser entre las 12 y las 13; y siempre después de concluir alguna tarea y antes de empezar la siguiente y consultando si les parece buen momento.
Es cierto que mi pareja suele llamarme una vez al día al trabajo, pero la conversación habitual suele ser inferior a los 30 segundos; la mas larga no suele sobrepasar los 50 segundos.
También es cierto que voy varias veces al día al baño; bebo mucha agua y por consiguiente meo bastante, pero casi siempre aprovecho transiciones de una labor a otra.
Creo ser cumplidor, puntual, responsable, concienzudo en mi trabajo ... Desde que entro hasta que salgo me esfuerzo por hacerlo bien y trabajar sin entretenerme con nada ni nadie.
Hoy mientras estampaba unas planchas mi jefe puso el reloj en marcha. Me extraño, pero pensé que igual estaba mordiendo alguna plancha. Luego me dijo que quería estampar él la plancha. Cuando termino me miro como lo hace cuando algo no le gusta y me soltó:

-Yo he tardado 6 minutos en estamparla y tu casi 9 ...

Aun no me lo creo, pero me había estado cronometrando. Me sentí fatal, no por perder la supuesta competición cuya existencia desconocía. Mas bien es que cuando uno se esfuerza al máximo en su labor y alguien le insinúa que se emplea con dejadez ...
Pensé en decirle muchas cosas:
Que él tiene cerca de 30 años de experiencia mas que yo.
Que era su primera estampación del día y yo llevaba 15.
Que el casi no limpia los biseles y yo los dejo relucientes.
Que la fliselina, la tarlatana, el papel, la tinta .... se los encontró cortaditos, colocaditos ...
Que mi afán no es batir un record sino hacerlo bien.
Me callé apenado. Sé que no soy el mejor estampador y seguro que hay mejores trabajadores que yo; pero si de algo no se me puede acusar es de escaquearme.
A lo largo de la mañana volví a ser cronometrado en varias ocasiones sin el mas mínimo recato. Deduzco por la reacción que aunque no cumplí las expectativas de record, al menos no fui merecedor de un nuevo toque de atención.
La sensación de tristeza y desanimo aun perdura. Algo debo estar haciendo mal, algo debería cambiar en mi vida, en mi forma de afrontar los conflictos.
Hay días que me planteo que mi forma de ser, de enfocar la existencia, la persona en que me he convertido son un lastre para mi vida cotidiana. Al menos en el mundo que habito, en el que intento vivir.

Juliki (necesitando un cambio a contra-reloj)

domingo, 21 de marzo de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad



Tengo apenas cuatro años, estamos es el pueblo de mis tíos, ando pachucho y mi madre me recuerda que debo beber mucho agua. Me dirijo a la cocina sorprendido de la capacidad de las madre para adelantarse a las necesidades de sus hijos. Me muero de sed.
Entro y mis tíos discuten. Mi tío con sus espaldas anchas y su enorme envergadura, parece un gigante; nota mi presencia, se vuelve y me increpa:
- Los niños fuera de la cocina.
No me atrevo a replicar, salgo al pasillo. Mi sed y yo aguardamos. Me gustaría volver, explicarme y beber. Los miedos me atenazan
Regreso a la sala donde mi madre me interroga
- ¿Ya has bebido?
- Uhm que rica esta el agua de Solares.
Miento por primera vez, mientras con mi boca reseca simula un chasquido de satisfacción …


Juliki (Sediento)

viernes, 19 de marzo de 2010

Sobrevivir a lo incomprensible


La verdad es que el día del padre, siempre ha generado en mi cierta confusión. Para empezar por ser uno de los días predilectos de los centros comerciales tipo corte ingles, que nos bombardean varias semanas antes para que entremos en la dinámica consumista-compulsiva, cosa que no me agrada especialmente. Si, ya se que es un día para "homenajear", la encomiable labor del padre, pero no sería mejor mostrar ese reconocimiento día a día, agradeciéndole a cada instante su dedicación, cariño, sacrificio ...
Me vais a perdonar, pero hoy me levante contestatario y me repatean mucho las efemérides artificiales, que constantemente nos anuncian para que no nos olvidemos de ciertos aspectos de la vida: El día contra el hambre, de la paz, contra el racismo, de la mujer, del santo ninio de Calcuta ...
¡Joder! con perdón, habrá que acordarse de todas ellas en cada momento de nuestra existencia y no una vez al año para lavar nuestras conciencia y ponernos el disfraz de la solidaridad. Cada día se tiran toneladas de comida, se agrede al vecino, se llama moro cabrón al distinto, y se golpean y humillan a miles de mujeres sin que se nos altere la sonrisa o el enfado ante nuestros propios problemas. Del santo niño de Calcuta mejor no hablamos, porque de él no se acuerda ni Rita Irasema...
Sé que ese olvido cotidiano forma parte del egoísmo humano, pero si lamentablemente somos así, al menos no finjamos ser los mas solidarios en el día del pariré. Eso solo hace aumentar nuestra ruindad con un nuevo y refinado acto de hipocresía.
Volviendo al día del padre, no me negareis que además hacerlo coincidir con el día de San José, no es cuando menos mala hostia, biológicamente hablando. Desconozco si hay día del espíritu santo, que sería mas apropiado, pero sino siempre podemos atribuírselo a la paloma que se usa en ocasiones para representarlo y que cuyo festejo es el 15 de Agosto. Claro que bien mirado en plenas vacaciones veraniegas es posible que los comercios no pudieran hacer su Agosto ...
Pero mas allá de estas anécdotas mi confusión con el 19 de Marzo viene de la infancia (como no). Por aquel entonces, en el colegio se empeñaban en que agasajáramos a papá con alguna de esas manualidades horribles, de vida efímera, que mayoritariamente acababan siendo presa del contenedor. Yo obstinado por naturaleza, año tras año "porfiaba" con los profesores y me empeñaba en hacer algo también para mi madre.
No es que tuviera un ataque de solidaridad filial; tampoco es que quisiera mas a mamá que papá, ni que tuviera aversión a la figura paterna. Simplemente es que da la puñetera casualidad que dicho día coincide con el cumpleaños de mi madre. Y en mi inocencia infantil me parecía feo llevarle un regalo a mi padre que lo era todo el año y no a mi madre que solo cumplía años ese día.
Sobreviví al conflicto de intereses, pero las secuelas son evidentes. Por eso habitualmente me empecino en la discusiones y hay tantas cosas que, aun de adulto, sigo sin entender ...

Juliki (Duro de mollera)

jueves, 18 de marzo de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad IV



Salgo de la tienda, suena mi móvil; intento atender la llamada mientras guardo la cartera, sujeto las bolsas … Llego tarde. Es entonces cuando siento la lluvia y busco infructuosamente el gorro. Reflexiono y se enciende la bombilla:
- Se me ha debido caer.
Regreso sobre mis pasos velozmente, oteando el suelo. Allí esta, a unos pocos metros; acelero y lo recojo. Mas calmado desando el camino y me cruzo con tres señoras que han debido observar la escena. Es entonces cuando una de ellas muda el rostro y asustada exclama:
- ¡El paraguas, me lo he dejado en el bar!
Las otras la miran perplejas y estallan en una carcajada.
Ella sigue sendas miradas hasta su mano derecha. Allí, un paraguas desplegado la cobija de la lluvia
Su risa resuena algo avergonzada sumándose al jolgorio.
-¡Pero seré tonta!
Las dejo atrás. Yo también sonrío parapetado bajo mi gorro.


Juliki (aguantando el chaparrón)

miércoles, 17 de marzo de 2010

Apatía del vivir



Hoy me levanté aturdido, llevo varios días así, como ido, ausente, dejando escapar las horas, atontándome frente al ordenador, pero sin provecho alguno. Creo que últimamente no me gusto demasiado; por eso tal vez ando descuidado mi persona, sin reflexiones, sin mimarme demasiado ni cuerpo ni mente. Se que tengo que poner freno a esta situación, echar marcha atrás y retomar las riendas de mi existencia, pero no tengo espíritu para ello, al menos de momento.
Por eso me dejo ir, descuento horas al día en lugar de vivirlas y robárselas al tiempo para intentar devorarlas, disfrutarlas ... Como debería ser.
Tengo la certeza de que eso no esta bien, pero he decidido darme un respiro, vivir la calma chicha por unos días y luego ...
Lo peor de esto es esa sensación familiar que aletea en mi recuerdo. En otras ocasiones, llegado a este punto donde no me decido a reaccionar, es la vida la que me abofetea y me saca del letargo, con algún drama, conflicto, disgusto ... ¿Que ocurrió la última vez? Prefiero no recordarlo.
Definitivamente, va siendo hora de bajar de mi nube, aunque no parece fácil. Voy a ponerme las pilas, mañana tal vez ...

Juliki (Pasivo-compulsivo)

martes, 16 de marzo de 2010

Relato invisible



"Vivir sin dios te impele a vivir intensamente, con todas sus consecuencias. Si quieres cambiar algo, no puedes esperar, debes ponerte bajo el chaparrón, incluso de noche, a cambiar la dirección de los raíles. Los que carecemos de un dios que guarda nuestras espaldas conservamos el privilegio de ser nosotros mismos, nuestra novela, una narración única que escribimos con la tinta de la libertad que nos da no tenerlo."
Fernando Montaña Lagos


Hay días, cuando el boli no escribe, que dan ganas de hacerse creyente, dejarse vencer y pasar página. Afortunadamente tras un segundo de reflexión, el espanto nos devuelve la lucidez: Es mejor ser el autor del propio relato, aunque en nuestra vida quede alguna página en blanco.


Juliki ( Sin tinta en las venas)

sábado, 13 de marzo de 2010

Rescatado del olvido XII



Hoy es un día alegre, pero también un día para recordar …
Tal día como hoy, hace 38 años, la vida me enseñó que esa supuesta felicidad que constantemente nos venden como el paraíso al que debemos aspirar, no existe, es un anhelo vació...
La vida es otra cosa. Se compone de infinidad de instantes intercalados: alegres y tristes . Y que uno debe vivir con la máxima intensidad; para gozarlos, para sufrirlos, para aprender de ellos y con ellos … Y con la suma de esos instantes hacerse una vida , vivirla y disfrutarla; hacerse una personalidad y seguir un camino, cada uno el suyo.
La marcha de mi abuela Cele llegó como casi siempre pasa, sin previo aviso. Yo iba a cumplir cinco años, eso significaba completar los dedos de una mano y en mi mente infantil de entonces, empezar a ser mayor. Estaba excitado, como solo saben estarlo los niños ante lo que suponen serán los grandes acontecimientos de un día especial.
Recuerdo la sensación de movimiento en casa, algo no habitual y que mas tarde descubriría no era la inquietud propia de una celebración …
Rememoro el preciso instante en que mi madre compungida se me acerco y con una dulzura que no podría describir pero que aun hoy siento, me habló …

- Cariño, se que hoy es tu cumpleaños, pero vamos a tener que dejar los regalos y la tarta para otro día … ¿Sabes? papa esta triste porque la abuela se ha muerto hoy … quiero decir que se ha ido y no va a volver. Ahora nos verá ella desde el cielo … Otro día celebramos tu cumpleaños y comemos tarta ¿vale tesoro?
- No impota mama, oto día tarta, pero no triste vale. Oto día …

No entendía muy bien que era eso de la muerte, pero sabía que era de lo peor que podía ocurrir. Sabía que nunca mas volvería a ver a mi abuela sentada en los sillones de escay negro como tantas otras veces. Me fui al salón y miré el sillón vacío, rebusque entre mis juguetes y cogí la escavadora de plástico amarillo con el volquete rojo y azul y me puse a jugar en silencio. Era el último regalo de mi abuela y en mi inocencia infantil supongo que era una forma de que mi abuela volviera a estar allí …
Pasaron los años y celebré muchos otros cumpleaños alegres, pero siempre con la sensación del niño-adulto que a la edad de cinco años, descubrió que la vida era un caldo agridulce, al que, para poder disfrutar es necesario apurar hasta la última gota , con sus cosas buenas y con las que no lo son tanto … Por eso y por otras muchas cosas soy como soy …

Juliki (Celebrando el recuerdo)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Asideros de la realidad



La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece.

Philip K. Dick


Y cuando la realidad parece una burla irreal uno se levanta esperando que el despertador le saque del sueño. Aun sabiendo que no sonara de nuevo ...


Juliki (descreido)

domingo, 7 de marzo de 2010

Condenado de antemano


Venimos al mundo desnudos, únicamente con el potencial que nos suministra el nacer. Recorremos la vida con paso inseguro, indecisos ante los múltiples caminos por explorar, que se nos van presentando. Al final del recorrido partimos solos, dejando atrás, en el mejor de los casos, algunos recuerdos en los seres queridos, que al final acabaran difuminándose.
Una vez mas el teléfono sueña, para transformar la apacible realidad en truculenta inquietud. Igualmente real, pero no deseada. El mensaje es breve.
- El tío ha muerto.
La noticia resuena en las cavernas de mi cerebro y vuelvo a perder la capacidad de reacción.
- Te llamo luego ...
Siempre he tenido una extraña relación con la muerte, que bloquea mis reacciones ante su llegada. No es negación, pues es inútil negar la evidencia. No es huida, uno no puede esconderse de ella y sus consecuencias. No es miedo, porque el miedo siempre es previo a que las cosas acontezcan. Es tan solo bloqueo, colapso, anulación ... Intento analizarlo, como casi todo, obsesivamente, para poder entender que alguien que era deja de ser y que ya no tendré ocasión de subsanar los errores o descuidos cometidos hacia él. Me desespero en la impotencia.
Todo empezó hace casi 38 años. La muerte hizo resonar la aldaba que anunciaba su llegada un 13 de marzo y transformó la fiesta en luto y la risa en llanto. Desde entonces arrastro un lastre, pero esa es una historia para el próximo día 13.
Después de eso, cada vez que rondó de nuevo mi vida, trajo la confusión y esa especie de parálisis del racionamiento que no conseguí empezar a superar hasta la muerte de mi amigo Lepe. Aquel día algo comenzó a cambiar. Descubrí entonces que con cada muerte próxima, algo en mi interior moría también. Y aunque eso debería tal vez haberme colapsado del todo me hizo intentar afrontar sus consecuencias con otra actitud. Forzando mi presencia en lugar de como hice en el pasado que me ausentaba, para eludir o atenuar la confusión que me provocaba. Lenta y torpemente, empecé a acudir a su cita.
Como decir lo siento, te acompaño en el sentimiento o cualquiera de esos formalismos vacíos no hace mas que trasmitirme un sentimiento de falsedad y reenviarme a la confusión, opto por no decir nada, solo besos intensos y abrazos sentidos. Tiritas insuficientes para el hachazo de una perdida, lo sé.
Este fin de semana, reaparecí en la vida de mis primos y tíos, después de mucho tiempo, en algunos casos mas de 20 años. No lo hice porque sea lo que hay que hacer, o para quedar bien; lo hice para vivir esos momentos que morían con mi tío y que me esfuerzo por retener en mi recuerdo. Porque hasta la confusión hay que vivirla, aunque solo sea por intentar arrebatársela a la propia muerte, o mantener la ilusión de que es así.
La muerte es lo que tiene, que por ahora es innegociable. Pero que no se descuide porque voy a seguir mirándola a la cara, y en cada nueva ocasión la esperaré cargado de abrazos y besos, para quien sea menester.

Juliki (Negociador de imposibles)

domingo, 28 de febrero de 2010

Tapizar el socavón



Me siento menos humano cada día, mas objeto, utensilio, bártulo ... No se si es bueno o malo, ni tan siquiera estoy seguro de que sea importante ser consciente de ello. Igual sería mejor ignorarlo.
Voy perdiendo poco a poco mi autonomía, me dedico a dejarme llevar por la corriente, sin iniciativa, sin proyectos, sin casi ilusiones. Me integro en el conglomerado mundial, del vivir por vivir. Soy una pieza mas que mueve la inmensa máquina de la rutina; una pieza defectuosa o mas bien prescindible, de baja efectividad, con rendimiento variable ...
Hay días que reboso energía, me siento capaz de parar el mundo, de cambiarlo y unos segundos después todas esas sensaciones se han agotado, y solo queda resignación, y la fuerza mínima, para mantenerme otro día mas, para continuar por si algo cambia.
Sé que los cambios, para ser efectivos parten de uno mismo; porque esperar a que vengan de fuera es una manera certera de auto-engañarse. Por eso lo intento obstinado …
Mañana, empieza un nuevo mes. Hoy me senté a plantearme de nuevo el ¡basta ya!. Me puse a elaborar listas de propósitos, intenciones … Analicé que debo cambiar, que puedo intentar, los pasos a seguir. Y al acabar la tarea, recopilo aquello que necesito para llevarlo a cabo y descubro mis carencias. No creo tener suficiente energía, para arrancar, para generar el cambio. Descubro la realidad: Soy una pila gastada.


Juliki (buscando cargador)

viernes, 26 de febrero de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad III



Nacieron el mismo día a la misma hora, en el mismo hospital. Crecieron juntos, a la par, sin poder separarse. Sus vidas estaban sincronizadas, uno seguía los pasos del otro. Y solo, a veces, en la oscuridad, se perdían de vista.


Juliki (a la sombra)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Heroes de la retirada



Hoy hay un crepón negro en la pista del circo. Hoy es un día de adioses tristes, de recuerdos que retornan para rememorar momentos pasados e intentar sonreír. Entre lagrimas, pero con la sonrisa puesta, con el recuerdo latente, que es la única forma de revivir a los que ya no pueden vivir por si solos.
Maripi, una antigua compi de trabajo, se fue. No se puede decir que llegáramos a ser amigos; pero estuvimos juntos, compartiendo un proyecto, luchando por él con ilusión; discutiendo ahora, riendo después, colaborando, apoyándonos, enfadándonos ... Vivimos juntos una parte del camino de la vida, y en ese discurrir acabamos aceptándonos con nuestras diferencias, respetándonos con nuestros mutuos defectos, apreciándonos también. Porque es cierto que el roce hace el cariño y que mas allá de lo que nos separa, el tiempo y el trato nos acaban acercando, acortan la distancia, nos igualan. Hacen que el sentimiento aflore y el cariño triunfe al fin.
Siempre pensamos, deseamos mas bien, que les toque a otros, desconocidos mejor o conocidos lejanos, de vista, de nombre... Gentes que pasaron por nuestra vida sin dejar huella alguna. Pero uno no elije y la vida dispone o la muerte mas bien. Y cuando llega es para robar una parte de nuestra existencia, para dejarnos algo huerfanos, como ocurre hoy.
Los años pasan y cada vez mas, estamos en edad de que esto suceda, que los que nos rodean, o incluso nosotros mismos partamos para no volver. En realidad, nunca estamos en edad, porque la muerte siempre nos encuentra imberbes, débiles, indefensos; nos ataja sorprendidos, para dejar al que se queda a solas con sus recuerdos, sus añoranzas y con una vida cercenada, aun por vivir.
Hoy la elefanta milenaria abandona el circo de la vida; con paso sigiloso emprende la retirada y deja un vacío en el cartel. Pero el espectáculo debe continuar y no se olvide nadie de disfrutarlo al máximo, como ella hizo, como le gustaría vernos hacer ...

Juliki (Riendo lágrimas)

lunes, 22 de febrero de 2010

Diálogos de marionetas



Nada es verdad. Pero tenemos que vivir como si lo fuera, porque de lo contrario nunca nos levantaríamos de la cama.


José Ovejero

Vivimos en la ficción, y nos creemos felices en ella. Podría ser peor ...
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Juliki (escéptico)

jueves, 18 de febrero de 2010

Sucedaneo de realidad


Observamos nuestra realidad intentando enmarcarla, delimitarla, racionali- zándola como si fuera única. Es un afán lógico porque así, al simplificarla, la hacemos mas comprensible, como si realmente marcáramos nosotros el desarrollo de la misma.
A veces al observarla mas sosegados, sin pretensiones de entenderla, nos sorprendemos de su complejidad, de sus múltiples posibilidades. No cabe duda que la calma, esa que habitualmente nos negamos, suele acercarnos a la verdadera realidad.
Desde el reposo veo la falsedad de mi existencia mediocre; de mi pretensión de intentar cuadricular el día a día, practicando ese reduccionismo absurdo que me crea el espejismo de ser quien maneja mi vida. Siempre reduciendo la realidad a hechos conocidos, controlables, previsibles ...
Y en esa vivencia menguante, se pierden los matices, se altera el sabor y, en lugar de controlar, cercenamos nuestra existencia empobreciéndola.
Abro los ojos tranquilo, pero eso no modifica mi realidad, ni el uso que hago de ella ...

Juliki ( con mal sabor de boca)

miércoles, 17 de febrero de 2010

Enfermo de impaciencia



Me siento raro. Hoy no hice mi paseo habitual camino de la obligación. No me cruce con ninguna de esas presencias fugaces con las que interacciono en mi trayectoria diaria y a las que suelo poner nombre. ¿Habrán notado mi ausencia? Probablemente no.
Es miércoles, día laboral y aunque no estoy de vacaciones, permanezco en casa. No soy una de esas victimas de la crisis, que pasan a engrosar las listas del paro, aun no. Tengo 42, casi ya 43 años y hoy es el primer día en mi vida laboral que falto al trabajo. Ni vómitos, ni fiebres, ni gripes, ni luxaciones de hombros habían podido recluirme en casa ni impedir que cumpliera escrupulosa y puntualmente con la obligación, casi sagrada, de acudir a cumplir con el compromiso adquirido. También es cierto que nunca había visitado como cliente un quirófano como hice ayer.
Un bultito con afán de crecer y que a final venía acompañado de dos hermanos pequeños se había instalado en mi mano. Quiste de la vaina flexora del dedo, lo llaman; una menudencia sin demasiada importancia que me relega a la inmovilidad.
Ayer no pude evitarlo. No habían terminado aun de darme los puntos finales en mi mano derecha cuado el cagaprisas que hay en mi soltó la pregunta.
-¿ Que puedo hacer?
- Nada.
- Me refiero a después, a mañana ...
- Nada en dos semanas.
- Pero ...
- De momento dos días con el brazo inmóvil en cabestrillo y luego el resto ya sin venda, pero sin hacer esfuerzo alguno para que vaya cicatrizando. Te veo entonces y comprobamos como va ...
- Pero para trabajar ...
- Nada. Bueno con el ordenador podrás apañarte con la otra mano los primero días y luego puedes utilizar las dos cuando te quiten la venda. Siempre sin esfuerzos ...
Me dan ganas de protestar, pero me contengo. ¡Si es solo una mierdecilla de bulto!, pienso.
El médico se marcha, me ponen un vendaje que juzgo aparatoso para una rajita de tres míseros puntos.
Me sientan a esperar un rato por si hubiera alguna anomalía posterior. Reflexiono. ¿ Que habrá pensado el medico de un tipo que en lugar de preguntar si todo esta bien, lo primero que quiere es saber cuando puede volver a trabajar? Que estoy algo trastornado, seguro. La anomalía soy yo.
Reaparece el doctor y hago un amago de protesta, aunque pienso que quince días son muchos, me reprimo. Si vuelvo a insistir igual deciden extirparme algo mas y supongo que la recuperación de la lobotomía debe ser mas tiempo, por eso me callo y le doy las gracias.
Ahora, aquí en casa, me siento raro, tal vez también porque lo soy. Eso si, estoy entretenido, vestirse a una mano, trinchar las naranjas para hacerme un zumo a lo zurdo, abrir el bote de la miel sujetándolo con un pie o escribir esto a una mano son aventuras inusuales que pueden resultar fascinantes. La vida sigue, llena de misterios por resolver y cosas por aprender ...


Juliki (con minusvalía física transitoria y mental perpetua)

sábado, 13 de febrero de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad II



Cada mañana, cuando me levanto, mi cuerpo me habla; cruje, tose, se manifiesta ...
Yo me resisto al diálogo. Por eso, tengo miedo de que un día, cansado de tanto monólogo, decida retirarme el saludo y partir.


Juliki (etéreo)

martes, 9 de febrero de 2010

Historias inventadas o fragmentos de irrealidad I




Cada tarde, al llegar mi padre de la oficina, colgaba su chaqueta en el recibidor. Yo, vencido por la tentación, soñaba con curiosear el contenido de su interior. Fantaseaba con hallar allí el misterio que su adusta mirada parecía ocultar.
Ahora, con sus cenizas en el salón, miro de reojo antes de sacar del bolsillo de su traje la cartera. Esa que guarda la foto de familia en la que no aparezco yo.

Juliki(fantaseando)

domingo, 7 de febrero de 2010

Ojos dibujados

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" Una mirada es un pozo sin fondo donde todo cabe".

Felix J. Palma

Hoy solo me asomo a echar un vistazo, a observar con una sonrisa a los que nos estan observando.
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(Juliki en el mirador)

jueves, 4 de febrero de 2010

Arrullar la noche



Vivimos múltiples existencias, algunas solapadas, otras encadenadas en el discurrir del tiempo. De todas ellas, las mas misteriosas son aquellas que se produce cuando muestro cuerpo yace inerte tras la dura jornada y, pareciera que toca descansar. Es entonces cuando los dulces sueños deberían impregnar nuestro reposo, pero algunos fantasmas aprovechan y se materializan e incomodan nuestro letargo.
¿Son las pesadillas un reflejo inconsciente de los miedos y preocupaciones que nos acosan durante la vigilia? ¿ O son retazos de vivencias paralelas que se desarrollan mientras aparentemente nos reponemos de la fatiga?
Hay pesadillas que uno no llega a recordar al abrir los ojos, otras se muestran confusas cual nebulosa incoherente al despertar; en cambio, una minoría, aparecen nítidas, como recién ocurridas; e incluso los detalles con el paso de los años, siguen tangibles, mas incluso que lo acontecido durante el día.
Yo conservo una perfectamente definida, no se si por la pesadilla en si, o por el despertar que prosiguió a su vivencia.
Tendría siete, tal vez ocho años; debía ser verano pues dormía a los pies de la cama, sin arroparme.
De repente me recuerdo corriendo, huyendo de un algo aparentemente intangible que me perseguía y que mi continuo giro de cabeza no lograba percibir. Sabía que no debía parar y que mirar atrás era un error, pero el terror que me invadía me obligaba a volverme reiteradamente. Cuando la fatiga empezó a hacer mella se materializo en mi campo de visión. Un enorme doberman se acercaba amenazador hacia mi. Decidí no volver a mirar y concentrarme en la carrera. No podía verlo pero sentía como la distancia que nos separaba se acortaba progresivamente y mi corazón apunto de reventar, parecía no poder dar mas de si. Fue entonces cuando mi pierna desnuda sintió el contacto de algo húmedo: babas de perro. La dentellada era inminente.
Entonces ocurrió lo impredecible. El suelo a mis pies desapareció y me ví sumido en la mas absoluta negrura, a la vez que caía. El inicial alivio provocado por la desaparición de la amenaza canina, fue sustituido por la angustia infinita ante la caída interminable y ese vacío que me envolvía por completo.
El miedo se acrecentó y lamente no haberme dejado morder por el perro. Después de tanto esfuerzo iba a perecer indefectiblemente cuando mi cuerpo impactara con el final de aquel túnel abismal.
Una voz familiar me saco de mi resignación, mas bien un grito:

-¿Se puede saber que haces ahí?
Desperté en una inverosímil posición sobre la silla que descansaba a los pies de la cama.
- Me iba a morder un perro, balbuceé.
-Anda, súbete a la cama y deja de decir tonterías, que contigo una no gana para sustos.

Dudé si volver a cerrar los ojos, por si reaparecía el perro o volvía a caer, pero al final me dejé vencer por el sueño.
Aún hoy, si rememoro el sueño, puedo sentir ese aliento amenazador y experimentar el vértigo posterior... aunque el verdadero pánico me lo produce recordar la regañina de mi madre.


Juliki (Ante la pesadilla diaria)

lunes, 1 de febrero de 2010

Enfrentarse al espejo


-Hace tiempo que aprendí que los monstruos no estan en el fondo de ningún lago.
- ¿Ah, no? ¿Y donde están pues?
- Dentro de las personas normales.
Lorenzo Silva

Afortunadamente, de cerca, nadie es normal.

Juliki (distanciado del mundo).

lunes, 25 de enero de 2010

Laborioso parpadeo




A veces uno no sabe como poner palabras a lo que revolotea en su interior, entonces es mejor guardar silencio y que otro haga las veces de narrador ...
"No se puede vivir sin saber lo que hay de veras dentro de uno, pero tampoco sin un proyecto que otorgue algún aliciente a la terca mecánica de abrir los ojos cada mañana y dejarles ver la luz". Lorenzo Silva.


Juliki (Entre parpadeos)

miércoles, 20 de enero de 2010

Vertedero de oportunidades



He andado algo esquivo, seguro que alguno ha pensado que me he perdido en las rebajas; contemplando con ojos lastimeros y la frente apoyada en el escaparate, como otros compraban compulsivamente. Pues no ha sido así. Es mas, yo podría ser uno de esos potenciales compradores, porque aunque parezca ficción ¡he cobrado la paga extra de navidad! No la he gastado aun por miedo a que sea un espejismo y se volatilice de la libreta antes de intentar fundírmela, pero ya tengo alguna idea para dar buena cuenta de ella.
Las rebajas son motivo de contradicción para mi persona. Siempre me asalta una doble duda ante uno de esos magníficos artículos que parecen una autentica ganga.
Lo primero que me viene a la cabeza es donde esta el truco. Me pongo a observar el objeto a través del escáner mental para localizar el fallo, tara, defecto o deterioro que debe tener para ser tan barato. Si el susodicho no aparece paso a la fase dos, es decir, pienso que si costaba 30 y ahora me piden solo 10, o esta estropeado y no lo veo, o es que antes me estaban timando. Eso provoca un cabreo monumental en mi, e inhibe inmediatamente mis ganas de pasar a engrosar el listado de consumidores ansiosos.
También es cierto que sufro una especie de rechazo innato a los centros comerciales, tal vez asociado a una pseudo fobia a las aglomeraciones humanas, o a alguna mala experiencia del pasado.
Mientras hacía la prestación social sustitutoria, fui agraciado con un cheque para la compra de vestuario que debía gastar en 24 horas y obligatoriamente en el Corte Ingles. Iba a renunciar a ello, pero alguien, con buen criterio, me convenció de que sería una estupidez regalárselo al estado, y se ofreció a acompañarme y asesorarme en el calvario. Recuerdo la pesadilla que aquello supuso, como estuve a punto de marcharme a casa en mas de una ocasión, como sudaba y era incapaz de probarme nada, ni de decidir que llevarme. Sin ayuda no podría haberlo hecho. Gracias cielo.
Al finalizar salí con mis bolsas, agradecí a mi acompañante su encomiable labor y camino de casa me incliné en un alcorque y vomité. Literalmente, nada de metáforas o sentidos figurados. La compra compulsiva, las aglomeraciones o el Corte ingles me habían revuelto el estómago y me hicieron enfermar. Después estuvé una larga temporada rehuyendo la visita a esos potenciales focos de infección y aun hoy en día cierto un cierto repelus al entrar en ellos.
Definitivamente prefiero las autenticas rebajas. Aquellas que duran todo el año, son ecológicas pues fomentan el reciclaje, no tiene aglomeraciones y son realmente económicas: Las que nos brindan los contenedores callejeros. En ellos no hay promociones de 2 x 3, únicamente te llevas lo que quieres o necesitas y siempre puedes devolverlo sin compromiso alguno...


Juliki (Eternamente asomado al contenedor)

viernes, 15 de enero de 2010

Conversaciones no buscadas


Me gusta que me asalten en la calle, que invadan mi intimidad y me pregunten. Procuro siempre atender a las consultas, aunque en ocasiones desconozca la respuesta.
Intento conocer mi entorno, como se llaman las calles donde vivo, donde estan ciertos locales, tiendas ... Me acerca al lugar que habito y si ese torpe conocimiento ayuda a otros, pues aunque suena a gilipollez, me alegra la existencia.
Hoy he tenido dos consultas, el primero me pregunto por Antón Martín y tras un segundo de repensarlo, mi GPS interno le elaboró la ruta mas rápida y directa. Fue sencillo y el tipo quedo agradecido.
Con el segundo la cosa se complico un poco. Yo venía del super con la bolsas llenas y comenzando una ligera subida en la calle. El me miro de lejos acercándose y supe que iba a ser interrogado
-¿La glorieta?
Pongo cara de ¿cualo? No por no haberle entendido, aunque tiene acento extranjero, sino porque la cuestión me parece ¿como expresarlo? Algo generalista.
Pone cara de "disculpa, no controlo el idioma" y me aclara:
-Si, glorieta, una especie de plaza.
-Si te he entendido pero ¿a cual quieres ir? Atocha, Embajadores, Legazpi ...
Me mira, se encoje de hombros y como el que tira una moneda al aire tras unos segundos de indecisión dice: Legazpi.
Le indico y se marcha sonriente.
Miro a mi alrededor, busco la cámara oculta, parece no haberla y cuando me voy a relajar, el tipo que baja de frente hablando por el móvil pronuncia la siguiente frase:
-Tu ponle los calcetines con cinta americana y listo ...
Acelero el paso, la cámara oculta esta cerca, no me cabe duda ...

Juliki( Callejero andante)